lunes, 20 de enero de 2014

Elemental




Las faldas de Hollande aglutinan la atención mediática a lo loco, y eclipsan su anuncio de que se pasa a la tercera vía de Blair para mayor gloria de la ofensiva neoliberal, después de no haber llegado a aplicar nunca su programa electoral en el que se comprometía a exigir un mayor esfuerzo fiscal a las grandes rentas y empresas, o haber seguido laminando el estado del bienestar a pequeños mordiscos.
Veamos si no lo hemos entendido mal. Aplicar o sostener medidas neoliberales demuestra el fracaso de las políticas de izquierdas solo proclamadas, y provoca descensos de popularidad que solo pueden revertirse aplicando esas mismas medidas neoliberales a cara descubierta.
Y es que todo empezó con la privatización de la lógica elemental.   










Panamá




Las gárgolas refulgen amenazantes, sus sonrisas hieráticas rasgan la cortina de lluvia con cada chispazo atronador. El cielo espesa su húmeda negrura, sus gritos de desaliento y terror hacen estremecerse a la catedral entera.
Se plantea seriamente si en lugar de un decorado tan gótico y freak para el baño no debiera haber revisado mejor la instalación eléctrica y la calidad de los materiales de la casa en general. En el país de la construcción deficiente y los sobrecostes, los cuales exportamos sin complejos hasta el mismo Canal de Panamá ante las narices de las empresas norteamericanas, y sus poderosos servicios secretos a su servicio.













sábado, 18 de enero de 2014

Gelman




La vicepresidenta perpleja no entiende la reacción social de los brotes de protesta en cadena, que por otro lado nunca han existido. Puesto que la economía ya no puede ser motivo de rebelión tras el anuncio de cielos soleados, humedad relativa de los millonarios y anticiclones del hombre del tiempo infausto, Rajoy, a rebufo borrascoso del siempre fiable FMI. Por otro lado, las reformas chinas también para los muy ricos de allá. Blesa amenazando a El Diario.es por la publicación de esa su intimidad en la que despilfarraba millones de dinero público, a veces al dictado de Aznar. Juan Gelman los termina de mandar al carajo a todos muriéndose como un nuevo vencido glorioso más, en el único Panteón de la Historia que podrá sobrevivir.












lunes, 13 de enero de 2014

Cándido



No comparto sus ideas pero lucharé con mi vida para defender el derecho de usted a expresarlas, que decía Voltaire. Cuando las brigadas antiterroristas acudieron a su casa, el filósofo ya había sido puesto en sobreaviso por el lenguaraz Ministro del Interior con el récord de más operaciones fracasadas por haberlas anticipado en prensa, y solo alcanzaron a requisarle el Cándido.












martes, 7 de enero de 2014

Ad Argumentum




No es plato de gusto, pero peor sería abandonarse a la demagogia de alternativas que son imposibles. Ni siquiera su debate en nombre de la democracia. Porque podría inducir a muchos a creerlo, y añadir con ello un problema político adicional a una situación de por sí delicada. De acuerdo, ocurrirá por sí solo. Entonces ya lo discutiremos represivamente sobre la confusión de los hechos humeantes.
Se notará en mi argumento que no desciendo a explicar por qué las alternativas son inviables. ¿Contravienen algún tipo de ley histórica tan férrea como las leyes de Newton? No es epistemológicamente el mejor ejemplo sino al contrario, lo sé. Pero se me entiende lo que quiero decir. ¿Quizás solo soy un pragmático? Acepto que se trata de un problema político. Por tanto depende de las cuotas de poder en juego, de su distribución. Convengo en que el desequilibrio es desmesurado. Precisamente por ello concluyo que cualquier rebeldía está condenada al fracaso sin paliativos. ¿Se me aceptaría como razonable este argumento?
Lo sé. Se me acusará de promover precisamente la ideología que afianza, que apuntala el sistema. Mientras siga siendo mayoritaria en las conciencias, será imposible desplazar ese eje de poder tan formidablemente sesgado de parte. Incluso aunque no admitiera ninguna interpretación dialéctica del acontecer histórico, volviendo a Newton coincidiré en que a falta de resistencias funciona el principio de inercia. Más aún: al tratarse de un proceso de creciente acumulación de poder y capital, se retroalimenta hipertróficamente. Solo el freno de emergencia de Benjamin, o la catástrofe ecológica lo detendrán. Es posible.
Nada detendrá, sin embargo, mi confianza en la bondad de mi argumento sobre la imposibilidad alternativa. El capitalismo, nos dijeron sus clásicos y hoy lo estamos corroborando, se sustenta en una cuestión de confianza.










lunes, 6 de enero de 2014

Farenheit 2.0




Conserva de Rimbaud el ojo galo, de Passolini arrastra la mortal pasión suburbial y de Lorca extrema al visionario en Nueva York. Asiste, irritantemente incómodo en unos pantalones de pinzas en derrumbe gemelo y una chaqueta alquilada, al expolio mutuo de los novios a cielo abierto, a la parafernalia de sedas y compromiso social alanceados de buen vino y champán, conversaciones inconexas, marisco abatido por la plaga de langosta civilizada, y las pajaritas sobrevolando copiosas nevadas en los baños del lujoso salón nupcial. Le piden que improvise un recitado. Escapa por la puerta de servicio y se adentra en las callejuelas vacías que abrazan los canales. Los grupos parapoliciales y patrullas vecinales le husmean a lo lejos con gesto de impaciente sospecha. El elegante atuendo le salva porque acompasa el aire decidido y confiado con que atraviesa la niebla, como un séquito que le escoltase con naturalidad. Era peor hace décadas cuando las resentidas muchachadas de Guzmán el Bueno le hostigaban desde el coche, a la altura de aquellas faraónicas obras nocturnas de brumosa ambientación lunar, amenazados de sus harapos hippies apenas recién reconquistados de una habitación que respiraba ecos y colores. Aseguraban sin rubor que eran tiempos de garantías y libertades. Ni siquiera la vigilancia y control de la calle por parte de empresas privadas habían sido refrendados por ley todavía. Los linchamientos de mendigos y demás poetas urbanos aún se consideraban delito. Lo último que él mismo escribió más o menos abiertamente era una pieza irónica en que relataba a una patrulla de bomberos virtuales y otros cortafuegos apagando digitalmente para siempre Farenheit 451 de la reseteada memoria universal. Luego tuvo que empezar a leer de cabeza y escribir en obligado silencio sus erráticos paseos de remembranza, mientras tantos colegas desaparecieron en las purgas. Su clásica columna semanal en la prensa contestataria digital ocluyó en la diaria del eremita reinando en lo alto del desierto, agarrado al clavo ardiendo de una identidad falsa que cualquier día sería desvelada a dentelladas por los perros. Los torvos barrenderos musitaban clandestinos a su paso.