viernes, 18 de abril de 2014

Asilo



Este país anda tan confuso, de tanto flagelarse en sus gentes para las medallas ministeriales y adoración de la virgen de la justicia inaccesible, que su monasterio del Interior confunde ya sin complejos las peticiones de asilo con las de exilio. 
En realidad no hacía falta irse a Chafarinas. Es vox populi desde hace tiempo tanto entre la migración de acá afuera, creo que empieza a ser parte incluso del refranero persa, como en la torrencial de adentro que se ampara en las peticiones de exilio, en busca del único asilo factible en este asilo que persisten en seguir llamando país. 
Aunque la acompañe en disonante dueto, al fin algo más decidida pero inútil, la inaudible y quebrada voz sin voto de la ONU.











GABO



Crónica de la vida anunciada. Ahora sí que nos podemos olvidar de que el gran Gabo viaje a España, menos aún si siguiera vivo. Si un genio universal de su talla de palabras e imaginación oceánica, sin parangón en nuestro país, nos señala nuestro provincianismo cuando rechazamos a sus paisanos en Barajas quizás debiéramos pararnos a pensarlo un poco, incluso a riesgo de atentar contra la españolidad misma. Hoy que aquí asistimos de nuevo a la primavera del patriarca. De hecho, sigue mucho más vivo que el melifluo Vargas Llosa de plástico inserto en El País y otras maquinarias posmodernas de impostación: el grado cero del valor periodístico-literario, en las antípodas del realismo mágico y a lo que la crítica no especializada denomina habitualmente sarta de repugnantes mentiras. A la Real Academia Española de lágimas de cocodrilo y anaqueles polvorientos, a la Colombia genocida que nuestros medios insisten en llamar democrática pese a sus pavorosas cifras mundiales de asesinato político y que le condenó al exilio, les tocan los compungidos y farisaicos discursos en serie, el retumbar monótono de sus propios ataúdes ya en activo, aunque no lo sepan. Como para aquel Buendía, hoy igual que ayer y que mañana será siempre jueves santo.










miércoles, 16 de abril de 2014

Resurrección



Bárcenas sin recreo. Su soberbia todavía puede seguir metiendo en líos y sacras pasiones la honorabilidad del gobierno, que es una sustancia ectoplásmica a la que ya no invocan ni los propios creyentes. Hoy que los pasos de Semana Santa van hacia atrás. Ruz estrecha el cerco sobre las mentiras de Cospedal en su cara, que en buena ley suelen conllevar hasta un año de cárcel pero en mal país llevan al juez a peligrar. Las ramificaciones de la Gürtel alcanzan a la falla de San Andrés: precisamente las obras en B de Génova buscaban apuntalar la sede del PP ante el seísmo que nos anda engullendo al resto. La sociedad del Palau y el Liceo catalanes de rositas. La rosita andaluza marchita y en un puño, con Bruselas queriendo fiscalizar los miles de millones adjudicados para emplear mejor a los ya empleados en la Administración. Una larga Cuaresma de la recuperación, pese a la cruel amenaza de los realojos, que nunca finaliza en calvario para ladrones mientras que los antidisturbios multiplican los Cristos por las calles. 
El franquismo más que resucitar se despereza. Pese a que la mayoría nacional se sienta cada vez menos católica. O precisamente por ello.






Recursos



El Tribunal Constitucional se divide et impera, cinco de sus vocales se niegan a ser cómplices de tamaña canallada político-bancaria tan a la vista del mundo entero y alrededores. No obstante sale adelante el recurso del gobierno contra la Ley Antidesahucios andaluza. El recurso del pateo a la calle.
¿Quién decía que se trataba de un gobierno sin recursos?, saca pecho Montoro. 











Mr. Marshall



¿Y para qué querrán en España un ministro de Justicia?, bromean en la televisión norteamericana. Pues para lo mismo que una Ministra de Trabajo, uno de Educación u otra de Sanidad.
La de Igualdad y Asuntos Sociales se desempeña entretanto para que a Lucía Figar le paguen la beca de guardería entre todos los madrileños a cuyos niños su normativa draconiana se la ha negado.
Pintorescas notas de color democrático, Mr. Marshall.











martes, 15 de abril de 2014

En Rojo



El argumento definitivo contra la PAH es un hallazgo del circense Alfonso Rojo, en su perpetuo cabreo contra lo que ensucian los pobres. Ada Colau está gordita, y los cientos de miles que la apoyan son unos piojosos. Quienes lo vieron en la Sexta Noche, pobres de espíritu sin más noche que esa. A la séptima cuentan que descansó. Frecuentan asadores, palcos de fútbol y corridas de toros, y todo debate termina donde comienzan a prender sus estrepitosos puros. El que más o el que menos ha desperdigado muchos hijos, ha destruido muchos árboles y quemado muchos libros con absoluta brillantez. El cochinillo manda por sí solo, eructan satisfechos de chaqué: Dejemos los alambicados matices argumentativos para La Razón. La cruel ironía en todo esto es que a Alfonso Rojo nadie hubiera querido sacarlo jamás de su casa, salvo precisamente algún enajenado demiurgo misantrópico, de muy aviesas intenciones y varias cadenas de las que mejor tirar.