jueves, 14 de noviembre de 2013

Basuras




Madrid se solaza en una abrupta geografía de basuras colmada de colinas inconquistables, riscos de vidrio y valles umbríos de viandantes con pies de barro. A la olímpica alcaldesa Botella la homenajean los barrenderos despedidos y los salarialmente demediados con millones de ellas apuntando tanto a la verdad como al atrevimiento, que salpica ya al gobierno central de la nación. Desgraciadamente ni es francés ni la apodan Pepe, ni sobresale por gobernanta ilustrada excepto en su inglés a destiempo mucho mejor que su español, pero sus resultados son de tifón filipino y competente ayuda internacional.
Rato, con la suerte de caer esos días por Barcelona, también juega a eludir las basuras financieras que tuvo la sensibilidad de endosar a gente con alzheimer, para que una vez destapada la estafa bastara con no tener que recordárselo.
Wert se inventa una basura de excusas para recortar las Erasmus, y el comisario educativo en Bruselas meándose de risa sobre la diplomacia lo coloca en su sitio: casualmente en pleno de centro de Madrid. Provocándole por cierto esas lógicas náuseas ontológicas sobre sí mismo que la comunidad educativa y de padres no ha logrado despertarle en mil protestas, que él despreciaba y ninguneaba con la altivez del ilustrado europeo sobre los pueblos atrasados.










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