sábado, 2 de noviembre de 2013

Democracia




Son cientos, pero se contaban con los dedos de la mano los congresistas norteamericanos que acudieron a escuchar el testimonio de víctimas en Pakistán de sus mortíferos e indiscriminados drones. El resto andaría en casa descansando del cierre de la Administración que provocaron, o en el beisbol calculando con los dedos de las suyas los billones que supondrá dejar de endeudarse astronómicamente en virtud de controlar la moneda de referencia mundial, cuando China emprenda su operación monetaria para descabalgarlos de las riendas. Lo raro es que los valientes que acudieron no cayeran abatidos en algún tiroteo a las puertas del Congreso por parte de algún desquiciado, que jamás debe tomarse como representativo de sus representantes ni de la dirigencia del país, ni menos aún de la mayoría silenciosa que amparaba a Nixon como aquí a Franco.










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