sábado, 9 de noviembre de 2013

Socrática




Hay que haberse equivocado a una velocidad endiablada durante mucho tiempo para llegar a acertar tanto. La conferencia asomaba como un conjunto de intelectuales, típicamente culpando de lo ocurrido a grandes conceptos. Pero lo estimulante es que finalmente fueran un puñado de gente lúcida hablando claro. Aunque, qué duda cabe, hablando de los errores de concepto que sirven de coartada, cuando no involuntaria complicidad, a lo ocurrido.
Quienes más a fondo debieron liberarse de esos mismos errores que denuestan, encarnan siempre la mayor preclaridad al respecto. Como solía sugerir Sócrates de sí mismo.
El a posteriori de toda ingenuidad, de toda torpeza cognitiva pasada, radica en una sencilla pregunta que desbarataba todo el entramado ideológico en el que andábamos prendidos, cuando nos creíamos prendados, pero que quedó sepultada. Luego vendrá la paciencia de lo negativo restante durante años para exhumarla, como si de una lenta y penosa apertura de fosas trabada políticamente durante décadas se tratara.










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