miércoles, 31 de julio de 2013

Desencantados





¿Resulta tan inmoral tratar de disuadir de sus supersticiones íntimas a un adulto como explicarle a un niño no solo que los reyes son los padres sino, aún peor, que los motivos de su apego son bastante más espurios que sus enternecedoras defensas respectivas de la magia en el mundo o la profunda fe? Weber lo sintetizó magistralmente en su concepto de desencantamiento del mundo. El quid de la trampa polisémica estriba en sugerir que sería recíprocamente esta pérdida de asideros míticos lo que a su vez nos habría desencantado respecto al mundo, y no el hecho de que el mundo podría estar encantado de librarse de nosotros próximamente, en un revolucionario alarde de democracia ecológica y apoyado en razones bien fundadas. 







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